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sábado, 11 de abril de 2020

"Cuento encadenado"



 Fuente imagen: Dixit

¡Comenzamos nueva historia en Instagram!
Volvemos a las andadas con nuestros cuentos encadenados y ya hemos elaborado una nueva historia que podéis leer a continuación, ¿Còmo acabará? 🤔 ✍️📖😊:
"Era una noche preciosa, llena de estrellas, pero la bruja Pelillos de Rata no tenía tiempo para contemplarlas.  Estaba muy ocupada removiendo su caldero y echando ingredientes: cola de dragón, veneno de escorpión y un ojo azul para hacer una maldición.  Se había vestido para la ocasión, sombrero de punta y zapatos de salón, el silencio invadía esa noche, la bruja Pelillos estaba lista.
De repente, en el reloj del ayuntamiento resonaron tres campanadas, eran las tres de la madrugada y el ojo azul empezó a brillar flotando en aquel mejunje que en breves, daría vida a su hijo, el ser que ella misma había creado.  Y nació un 27 de septiembre, fue un hijo muy deseado.  Era bello por fuera y por dentro, pero sobretodo noble.  Tenía unos ojos azules como el cielo, unos labios rojos como el fuego y rubio como el sol.  El niño creció como todos los niños de su edad, ni muy alto, ni muy bajo; ni muy gordo, ni muy delgado; ni muy revoltoso, ni muy tranquilo… Pero eso sí, tenía una cualidad muy particular, y es que cada vez que sentía cosquillas en su nariz … “¡Atchíis!" "¡Catchís!", el pequeño cambiaba de apariencia, y así se quedaba, hasta el siguiente estornudo.  Además, no siempre mutaba en la misma forma, había sido unicornio, rayo, triciclo, diente de león… 

Al principio, la bruja Pelillos pasaba horas y horas buscando a nuestro peculiar amigo, hasta que un día, cansada de buscarlo por todos los rincones de aquella casa sin saber ni cómo, ni porqué desaparecía, decidió encerrarlo en una habitación y vigilarlo día y noche por el pequeño agujero de la cerradura de la puerta.  Sin embargo, el segundo día el niño volvió a estornudar y desapareció de aquella casa.  La bruja al comprobar que el niño no estaba, fue directa al caldero sin sacar su sombrero de pico y sus zapatos de tacón, al asomar la cabeza, curiosa comprobó como la punta de la mágica nariz del niño, de su suculenta pócima emergió.  De golpe salió, realizó unas cuantas cabriolas, de un brinco en su sombrero se encaramó y mirando a la bruja le espetó:- “Quiero aprender a volar y en tu mágica escoba saber montar”- y antes de que la bruja pudiera contestar, un sonido fuerte y estridente se oyó en el exterior.

Tras semejante ruido, un silencio abrumador invadió la casa, pero tres golpecitos en la puerta hicieron que la bruja Pelillos y su hijo se miraran perplejos:
- ¡Pom! ¡Pom! ¡Pom! , - sonó la puerta.
- ¿Quién será? - preguntó el pequeño valiente mientras se acercaba para abrirla.

De pronto se abrió la puerta lentamente y allí estaba: ¡Florinda. la escoba más rápida, más mágica y más divertida que toda bruja deseaba tener!  La bruja se presentó haciendo una venía y diciendo: -"Florinda la escoba mágica me llamo yo y seré su guía esta noche antes de que amanezca y cante el ruiseñor".  -"¡Qué emoción!- exclamó el pequeño con tanta admiración, que su madre la bruja Pelillos no tuvo más remedio que acompañarlos en esta fantástica expedición.

Con abrigo en mano y bufanda de algodón vistió a su hijo bien abrigado para la ocasión.   Se alista la escoba Florinda en posición y se sube la bruja Pelillos con su hijo, su adoración.  Empiezan el recorrido y en el cielo las estrellas brillan con un peculiar esplendor, ¿será que saben que la bruja Pelillos con su hijo salió?  La bruja Pelillos le miraba maravillada, sabía que estaba disfrutando de la experiencia, las estrellas la miraban y le sonreían: -"¡Brillaremos más para que el pequeño esté contento!"

La escoba Florinda empezó a volar maravillada por la felicidad.  Pero en ese momento la bruja Pelillos gritó:
-"¡Detente escoba Florinda!"
La escoba sorprendida se detuvo anonadada sin saber que pasaba.
-"Mi hijo ha de saber que no todos tienen la misma suerte que tenemos nosotros, por eso quiero mostrarle lo que hace mi amigo Valentín, el panadero del pueblo.

La escoba Florinda, nada más escucharlo, volvió a ponerse en marcha y rápidamente llegaron a la panadería del pueblo y allí  estaba Valentín, trabajando cada noche para que todo el mundo, al día siguiente tuviesen en sus casa el pan calentito, además de ayudar a los que no podían comprarlo.  El señor Valentín era una persona muy querida y admirada por todos los habitantes del pueblo.  A sus casi 90 años y ya bastante deteriorado, nunca había pensado dejar el negocio familiar, ya que trabajar en él le daba la vida.  El niño, observó cómo Valentín trabajaba y trabajaba sin cesar y le dió tanta nostalgia y a la vez tanta ternura la labor que hacía por todos los habitantes del pueblo, que pensó que él también tenía que hacer algo a cambio por Valentín. Entonces el hijo de la bruja Pelillos formuló un conjuro:-"¡Hokus Pokus!".

Un montón de harina apareció ante los ojos de Valentín.  Pelillos y su retoño decidieron quedarse para ayudar a hacer el pan pero debido a la escoba que volaba dando vueltas sobre el tejado ¡un montón de gente apareció atraída por el espectáculo!  Trabajaban y amasaban sin parar pero no daban abasto, y peor aún... ¡se quedaron sin harina!

El pequeño brujo se puso nervioso y... “¡Atchíis!" "¡Catchís!" Volvió a transformarse, conviriéndose en un robot de cocina que amasaba el pan a a la velocida del rayo, despachando a todo el mundo en un santiamén.  Pasaron los días y fue tan famosa la hazaña que panaderos del mundo entero acudieron a aprender a hacer pan tan bien y tan deprisa.  Buscaron a Valentín y también a Pelillos, pero al niño no le encontraron porque cuando acudieron era primavera... ¡Y a saber donde se había metido!

lunes, 1 de abril de 2019

Cuento encadenado.






Era día de reparto en el mercado, Carlo, el repartidor de verduras, iba con mucha prisa.  Tanta, que tres pequeñas verduras cayeron del cesto, eran Lix el puerro, Karri la zanahoria y Radix el rábano.  Tras la caída quedaron aturdidas, pero Lix que era muy aventurera, se levantó y dijo con voz firme:
-"¡Vamos a buscar a nuestras compañeras!"
Decidieron que el primer lugar por donde pasarían, sería por casa de la señora Elna, allí Carlo siempre paraba y seguro que podrían volver a reunirse con él.  Tras convencer a Radix que era el más precavido, se subieron al cesto del triciclo de Luca, el hijo del frutero, esperando que su paseo, pasara por delante de la casa de Elna.  Luca cogió su triciclo y se puso a pedalear como todos los días, pero cuando estaba a punto de llegar a escasos metros de la casa descubrió que alguien muy misterioso le seguía.  Era de un color muy intenso, casi le cegaba la vista con su luz y emitía unos sonidos muy extraños, que causaron a Luca un grandísimo ataque de risa y el caso es que le empezaron a resultar muy familiares... Sin pensarlo, dio la vuelta a la bici y empezó a pedalear en esa dirección. Radix gritó:  -"¡Nos lleva en la dirección equivocada!"
Lix prontamente contestó: -"¡Saltemos de la bici!".
Pero Karri dijo:  -"No podemos, ¡va demasiado rápido!"
Luca iba a toda velocidad con su triciclo, el aire le ponía el pelo hacía atrás y él pedaleaba con todas sus fuerzas con una gran sonrisa en la boca.  Mientras tanto las verduritas estaban abrazadas entre ellas porque no sabían a dónde se dirigían a semejante velocidad.  De pronto Lix dijo:
-"¡Por todos los puerros! ¡Mirad!"
 Y de repente lo vieron, delante de Luca, más allá de sus cabellos, se extendía el campo más amplio, verde y oxigenado que jamás habían visto:
-¡Guauu! ¡Por todos los vegetalines! ¡Queremos vivir acá!- dijeron al unísono.
Y así fue como al llegar a ese paraíso, pensaron en lanzarse al mullido y aromático pasto sin saber que, en aquel bonito, acolchado y verde prado encontrarían a unos pequeños habitantes que más adelante serán descubiertos, pero de lo que sí se percataron, nada más llegar, fue de la variedad de plantas que existían y que nunca habían visto en el huerto del que provenían.
Al ver ese espectáculo Luca aminoró el ritmo de la bici y dijo:
-"¿No habéis oído esas risas?"
Todos los vegetales se miraban y buscaban por la pradera:
-"¿Risas? ¿Qué risas?"-Radix decía -"Yo ya avisé que estábamos en la dirección equivocada, ¿dónde estamos?"
Lix respondió:- "Yo quería saltar de la bici, pero no me hicistéis caso."
Decidieron bajar de la cesta para explorar más de cerca todo aquel paraíso y descubrir de dónde venían esas risas.  Karrii estaba tan ilusionado que al saltar sin pensarlo se tronchó un poco.
-"No me parece buena idea."- dijo Radix
-"Empieza una nueva aventura."-pensó Lix.
Karri tronchado y dolorido empezó  a correr por la gran pradera de verduras y hortalizas, hasta que llegó a un río muy fresco, donde paró a refrescarse.  Allí se encontraron a un nuevo amigo llamado Astor  el calabacín.  Él les contó que estaba investigando un robo.  Había desaparecido el saco de semillas de las acelgas.  Lix, Karvi y Radix no dudaron en ofrecer su ayuda para encontrar al ladrón.
-"¡Vamos verduritas, todos para uno y uno para todos!"- gritaron al unísono.
Y comenzaron la búsqueda uno detrás del otro, y Radix por ser el último de la fila confirmaba lo visto por los anteriores y solo decía:
-"¡Nada por aquí, nada por allá"
De pronto Karri gritó:
-¡Busquemos las semillas en la mochila de Luca!
Lix contestó:
- "¡Tienes razón debe tenerlas él!"
Y se fueron corriendo hacia su triciclo.  Sin pensarlo, Lix se montó sobre Radix y Karri sobre Lix, para poder llegar a la mochila que estaba en la cesta.  Cuando, por fin, Karri había llegado, la tomó con tanta fuerza que ésta se fue directa al prado.  Karri perdió el equilibrio y acabaron rodando.  Después de incorporarse y asegurarse que todas estaban bien,  observaron que con el viento , la mochila de Luca  había ido a parar a una madriguera de donde salió un topo pequeñito, justo antes de que éste pudiera cogerla, apareció Astor el calabacín con un montón de verduras que consiguieron llevarse la bolsa.  Con el bamboleo, del bolsillo de la mochila salió el saquito con las semillas.  Las verduras estaban atónitas, sin embargo, enseguida  vieron aparecer a Luca con  el hombre misterioso del principio que resultó ser... ¡el frutero!
Ese día había cambiado su ruta para acercarse al campo a plantar las semillas de las acelgas (de ahí esa vestimenta tan rara y colorida), con las prisas las había olvidado en  la tienda, por ello su hijo había salido a buscarle.  Ahora, ambos reían, pues de casualidad (o eso creían) se había caído la mochila quedando al descubierto el saco y preparado para ser plantado.  Padre e hijo terminaron de preparar el terreno y colocar las semillas.

Como ya estaba resuelto el misterio, llegaba la hora de irse... sin embargo Radix, Karri y Lix se miraron y  sonrieron, pues los tres habían pensado lo mismo, lo mejor sería que se quedasen en ese prado por si volvían a aparecer nuevos misterios y  para proteger la plantación de acelgas, mientras podrían disfrutar de aquel prado y hacer migas con sus nuevos amigos.

sábado, 16 de marzo de 2019

¡Continuamos con la aventura! (cuento encadenado)




Al haberse inscrito tantas personas para participar en el cuento encadenado a través de Instagram, decidimos crear dos historias y estamos a puntito de comenzar con la segunda. Para poder llevar a cabo la historia, utilizaremos la imagen que está arriba como punto de partida.  Poco a poco iré subiendo las actualizaciones para que podáis seguir la historia por aquí también. 
Para comenzar me gustaría compartir la mecánica que llevaremos  a cabo:
-Cada día, una personas se encargará de  continuar la historia.  Para ello seguiremos un turno previamente establecido ( cuando nos toque, apareceremos etiquetados en la foto).
- La extensión debe ser un máximo de 50 palabras.
-Una vez etiquetados, se tienen 24 horas para escribir la aportación (debe ser inventada y no se puede copiar de otras fuentes), si no se puede en ese tiempo, se pasará al siguiente de la lista y se podrá participar más adelante.
Lo más importante es compartir y disfrutar de la experiencia creando algo muy especial entre todos. 😉✍️📖